Durante todo el año, aunque especialmente en los meses de verano, nos encontramos en contacto diario con el sol y, en consecuencia, con sus radiaciones. De manera concreta, ocurre cuando practicamos deportes de invierno o actividades al aire libre tales como el montañismo, deportes acuáticos, etc. De una forma u otra exponemos constantemente nuestro cuerpo al sol o a una fuente artificial de rayos ultravioleta, de forma que también nuestros ojos deben soportar continuamente la radiación. Este hecho, que en numerosas ocasiones obviamos, puede producir, a corto plazo, daños irreversibles en nuestra córnea.
Resulta fundamental tomar conciencia de la necesidad de prevención, puesto que estas lesiones permanentes pueden evitarse utilizando una buena protección ocular que elimine por completo cualquier riesgo de daño a nuestros ojos. Dicha protección debe garantizar una pantalla total contra las longitudes de onda de los rayos ultravioleta, de manera que nos ayude a prevenir lesiones tales como conjuntivitis, cataratas o degeneración retiniana, una membrana tan delicada e importante que nos permite disfrutar de la belleza externa cotidianamente.
Factores que influyen en la lesión ocular
Son distintos los factores que intervienen en la lesión provocada por la radiación ultravioleta: factores ambientales como, por ejemplo, la polución y la integridad de la capa de ozono; geográficos en función de la altitud y la latitud; y personales, como la protección solar. Así pues, proteger nuestros ojos de los rayos ultravioleta es uno de los factores que sí podemos controlar, disminuyendo el riesgo de lesión. La exposición solar es cada vez más un motivo de preocupación para los profesionales, ya que el número de lesiones oculares causadas por una negligente protección va en continuo aumento.
El cuidado de nuestro cuerpo exige también una rigurosa vigilancia del estado ocular. Si tenemos en cuenta que el 80 % de la acumulación de rayos ultravioleta en nuestros ojos se produce antes de los 18 años, es realmente necesario que tanto niños como adultos tomen las debidas precauciones. Es importante destacar que un gran porcentaje del cáncer de piel surge en la zona del rostro por lo que, en la misma medida que protegemos la piel en el resto del cuerpo, podemos hacerlo en los alrededores de la zona ocular. Además, es sabido que la piel conserva la memoria del daño que los rayos ultravioleta causan en ella a lo largo de nuestra vida. Lo mismo ocurre en la retina, ya que el tejido pigmentario de que está compuesta, absorbe los rayos y, consecuentemente, va alterándose y/o produciendo un cambio químico en dicha membrana.
Rayos ultravioleta
Es posible diferenciar entre tres tipos de rayos ultravioleta: UV-C, UV-B, UV-A. Los UV-C son los más nocivos debido a su gran energía. Afortunadamente, el oxígeno y el ozono de la estratosfera absorben todos estos rayos, por lo cual nunca llegan a la superficie de la Tierra. Los rayos UV-B, de longitud de onda media, pueden ser muy nocivos ya que un cierto porcentaje (10% aproximadamente) alcanza la superficie terrestre y afecta a los seres vivos. Su efecto sobre las personas no solamente produce bronceado, sino que, además, puede causar quemaduras, envejecimiento prematuro, cáncer de la piel y graves lesiones en los ojos. Si bien la capa de ozono absorbe la mayor parte de los rayos UV-B, el deteriorado estado actual de la misma aumenta la amenaza de este tipo de radiación, generadora del cáncer de piel. Y, por último, señalamos los rayos UVA que se absorben principalmente por el cristalino del ojo. La exposición directa a este tipo de rayos puede producir, a largo plazo, diferentes daños irreparables para nuestros ojos.
Para defenderse de esa radiación, además de los párpados y las pestañas, el ojo humano cuenta con algunas estructuras que bloquean parte de esos rayos, logrando que muy pocos de ellos puedan alcanzar la retina. La córnea y el cristalino son los que absorben en mayor grado la radiación UVB y UVA. Para ello es fundamental la utilización de gafas de sol con filtros que impidan el paso del 95-100% de las radiaciones ultravioleta. Los ojos ocupan una mínima parte del cuerpo, pero son los únicos órganos que permiten la entrada de la luz de manera profunda.
La importancia del Equipo de Protección Ocular (EPI)
Cualquier persona que vaya a exponerse a la luz solar o bien a la luz artificial en cabinas de rayos UVA, debe utilizar un correcto Equipo de Protección Individual (EPI), que cumpla necesariamente con la normativa vigente y supere las pruebas pertinentes. Un buen protector ocular absorberá las radiaciones ultravioleta y permitirá una visión clara y nítida. Sin embargo, en la elección de unos protectores adecuados, en función de un uso específico de los mismos, como puede ser la práctica de algún deporte, debemos atender especialmente a una serie de parámetros que asegurarán la precisa protección de nuestros ojos, de acuerdo a nuestras necesidades concretas. Asimismo, es importante desterrar de la mente del usuario ciertas creencias equívocas, como es considerar que, a más oscuridad en la lente, mayor protección, lo cual resulta fatalmente erróneo. Utilizar lentes oscuras sin protección UV resulta más dañino que no hacer uso de ningún tipo de protección debido a que, cuando se reduce la cantidad de luz que recibe el ojo, la pupila se dilata para permitir que entre más luz en el sistema visual. De este modo, las lentes de sol sin protección UV favorecen un mayor acceso de los rayos UV en el ojo. Con todo ello, en el momento de adquirir una protección ocular tenemos que escoger aquellas que resulten más adecuadas teniendo en cuenta la situación en que serán utilizadas y el grado de información que se tiene sobre este campo.
Elección de una correcta protección ocular
Son varios los parámetros que guían al usuario en la elección de una correcta protección para sus ojos:
Somos depositarios de cinco sentidos que nos permiten un agradable acceso a la realidad del mundo e interactuar con los elementos y demás seres que nos rodean. Hoy por hoy, preocupados cada vez más por la imagen que ofrecemos a nuestro congéneres en la vida cotidiana, debemos, como responsables de nuestro cuerpo, conseguir que los mimos y cuidados del aspecto físico sean parejos al mantenimiento y protección de nuestro bien más preciado: la salud. En este camino la prevención juega un papel importante, por ello, desde aquí, queremos hacer un llamamiento a la concienciación, para seguir disfrutando de la vida con plenitud. Como suele decirse, una imagen vale más que mis palabras. ¿Acaso te la quieres perder? Mima tus ojos.
Raúl Vicedo, director de ventas de Lessian Giss